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martes, 19 de noviembre de 2013
Coquí, un lugar del que aprendí mucho
Gracias a la comunidad de Coquí y a los saberes y sabores ancestrales que comunidades como esta han encontrado en el manglar, logré cambiar mi visión, principalmente acerca de dos cosas. En primer lugar, borré ese pensamiento idealista que tenía acerca de que para conservar la naturaleza es necesario no tocarla. Los habitantes de Coquí viven del manglar y conviven con él sin que esto signifique su destrucción. La segunda, acerca de la impresión que tenía de que los manglares eran un bosque putrefacto y maloliente, lleno de mosquitos: aprendí que son un sistema “camaleónico”, “anfibio” que se transforma y se renueva a cada hora del día y, sobre todo, que es uno de los ecosistemas más completos y biodiversos, indispensable para el equilibrio natural de nuestro planeta.
Desde que salí de Coquí no he dejado de sentir nostalgia. Allá disfruté de paz, paisaje y comida exquisita. Del saber, la generosidad y el agudo humor de Ovidio, Cheka, Fausto, Cruz, Eva y toda una comunidad con un don natural de anfitriones únicos, que hacen que uno se quiera quedar aquí a pesar de que –o tal vez gracias a que– se está desconectado del mundo, pues no existe señal de celular, conexión a internet ni luz eléctrica. Resulta increíble, pero solo ahora que lo escribo recuerdo que unos pocos días atrás sentía que en estos tiempos era imposible vivir sin ninguna de estas cosas.
Coquí es una comunidad olvidada por el Estado y en principio geográficamente lejana, en donde es posible conectarse de manera reveladora e increíble con la naturaleza, con los saberes y sabores ancestrales del manglar, y aprender sobre lo que significan conceptos como solidaridad, generosidad y convivencia pacífica. Una comunidad que tal vez ignora el gran aporte que hace al planeta al cuidar y preservar el manglar, un ecosistema que contribuye significativamente a combatir el calentamiento global.
La comunidad de Coquí existe en silencio. Desde el olvido, hace mucho por todos nosotros y esto es importante que el mundo lo sepa.
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Que el mundo lo sepa
Ubicación:
Coqui, Chocó, Colombia
jueves, 14 de noviembre de 2013
Regreso al Chocó
Viajo de nuevo al Chocó, más exactamente a Coquí, un corregimiento del municipio de Nuquí, del que tengo muy buenas referencias: una playa infinita, vegetación increíble, comida espectacular, posibilidad de avistar ballenas y, lo más importante, gente cálida y generosa.
Aunque, obviamente, voy a disfrutar de todas estas bondades que Coquí ofrece, mi principal propósito es conocer las acciones que esta comunidad ha emprendido para proteger y preservar el manglar. Ese exuberante y a veces maloliente ecosistema, que se ha convertido para muchas comunidades en fuente inagotable de recursos.
En la costa Pacífica se encuentra el 40% de los manglares que tiene Colombia. En Coquí, sus habitantes lo explotan y le dan tantos usos, que a los ojos de muchos conservacionistas podrían parecer excesivos. Pero lo bueno del asunto es que esta comunidad ha encontrado muchos sabores alrededor de él sin que eso signifique su destrucción.
Los invito a que me acompañen en este recorrido por una de las zonas más paradisíacas y olvidadas del país. No se pierdan el próximo episodio de esta travesía este domingo a las 10:30 p.m. por Señal Colombia.
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Ubicación:
Coqui, Chocó, Colombia
martes, 15 de octubre de 2013
Adiós, Quibdó
Quibdó me dejó con sentimientos encontrados: por un lado está toda la calidez, agudeza, talento e inteligencia de su gente; por otro, los problemas de corrupción, olvido y exclusión que han padecido históricamente y que consciente o inconscientemente siguen ayudando a perpetuar.
El fútbol sigue siendo la única esperanza para muchos, pero no es ajeno a las dinámicas presentes en los demás escenarios de la vida política y social del departamento. A pesar de los grandes obstáculos, los jóvenes y niños siguen entregados, esperando a ser mirados o por lo menos a tener unos escenarios deportivos dignos, en los que puedan desarrollarlo y demostrarlo.
Muchos de los que han salido no han logrado adaptarse a un mundo que les resulta ajeno y hostil y regresaron para trabajar generalmente en la minería, la construcción o “rapimoteando”, que es como le dicen a conducir una mototaxi.
Ni la ciudad de Quibdó ni el departamento del Chocó tienen un equipo en alguna de las categorías del fútbol profesional colombiano, pero los jóvenes y niños chocoanos siguen apostándole al fútbol como su más honesta y sincera opción de vida. Y para ellos es muy importante que el mundo lo sepa.
Ubicación:
Quibdo, Chocó, Colombia
domingo, 13 de octubre de 2013
Atrato River F.C.
Quibdó puede resultar para muchos un lugar poco atractivo, pero a mí me resulta alucinante e interesante. Es una ciudad ruidosa, muy ruidosa, desordenada y con un calor húmedo y abrazador que si no se confundiera con el de su gente, resultaría insoportable.
Calles como la de la Alameda o la del Mercado están atiborradas de gente que camina casi atropellándose entre sí, esquivando los carros y, especialmente, las miles de motos que transitan por todos los lados y en todos los sentidos, pues los semáforos son casi inexistentes y las reglas de tránsito, poco respetadas.
En barrios como San Vicente se juega fútbol todo el día. Paralelamente, gente de todas las edades canta y baila en las esquinas con música en vivo o aprovechando la estridente que sale de los equipos de sonido de las casas. Este ambiente de alegría, camaradería, complicidad y solidaridad permanente que generan la música y el deporte fue lo que hizo que terminara atrapado por la ciudad y su fútbol.
En Quibdó, calles, baldíos, el cementerio y los playones del río Atrato han sido convertidos en canchas de fútbol debido a la ausencia de escenarios deportivos. En estas improvisadas canchas jóvenes, niños y mayores juegan a diario y entrenan las más de 35 escuelas de fútbol que existen en la ciudad.
Al recorrer estos lugares y las tres únicas canchas oficiales que existen, encontré historias como la de Javier Alexis, que debe caminar casi una hora de ida y otra de regreso bajo el sol inclemente para llegar a su lugar de entrenamiento y jugar con un solo guayo, pues el otro lo usa su hermano, que juega en el club rival. O la historia de Jefer, uno de los primeros jugadores chocoanos que tuvo el Santa Fe, que se lesionó en el momento que comenzaba a destacarse y tuvo que retirarse del fútbol, ingresó al Ejército como suboficial y al poco tiempo fue secuestrado por las FARC, por lo que permaneció más de 10 años en cautiverio; hoy vive de los recuerdos de sus casi glorias en el fútbol y en el Ejército Nacional.
Chocó produce más futbolistas que oro, pero nadie parece haberse dado cuenta de esta gran e inexplotada riqueza. En vez de invertir en este gran potencial, se han dedicado a destrozar los recursos naturales y a generar violencia con la megaminería, mientras que su verdadera riqueza, su potencial humano y sus deportistas siguen siendo olvidados.
Ubicación:
Quibdo, Chocó, Colombia
jueves, 10 de octubre de 2013
Me voy para Quibdó
Próximamente estaré en el Chocó, más exactamente en Quibdó, su capital, para contarles historias individuales y colectivas vinculadas a un tema que para la gran mayoría resulta apasionante: el fútbol.
Aunque nunca he sido ni seré un aficionado, terminé atrapado por la forma en que los chocoanos han hecho de este deporte su pasión, su principal distracción, pero sobre todo su forma de vida. Niños y jóvenes ven en el fútbol la única forma de superación personal y de hacerse visibles.
De la mano de los protagonistas, recorreremos la ciudad y sus pocos y precarios escenarios deportivos. Ellos nos contarán historias de vida que reflejan el abandono, el olvido y la exclusión que han padecido históricamente.
Será un cálido y cercano encuentro con aficionados, entrenadores, niños y jóvenes deportistas que la sudan y se la gozan, pues referentes como Jackson Martínez, los Rentería (Wason y Carlos), "el Tutunendo" Valencia, Pacho Maturana, Alexis García y los más de 95 futbolistas chocoanos que se destacan en los clubes de diferentes categorías de todo el mundo, les permiten estar seguros de que, a pesar de las adversidad, su entrega y disciplina los llevarán muy lejos.
Los invito a que me acompañen en este recorrido lleno de vida, ilusiones y tesón, por esta exuberante región que ha sido poco mirada y contada por protagonistas anónimos y desde uno de sus más grandes potenciales: el fútbol.
Ubicación:
Quibdo, Chocó, Colombia
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