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jueves, 23 de enero de 2014

Un lugar en la Ciénaga Grande


Viajo a Nueva Venecia en búsqueda de conocer de cerca cómo vive la gente que habita uno de los pueblos palafíticos más emblemáticos de Colombia, un lugar de casas coloridas enclavado en medio de la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Suena como un lugar idílico… pero por lo que he visto y leído, no lo es tanto. El complejo lagunar más grande de Colombia está muriendo. La violencia, el cambio climático y las disputas por el territorio el narcotráfico amenazan a sus habitantes.

Quiero conocer, a través de relatos de primera mano, la situación en que viven y cómo afrontan esta realidad. Acompáñenme al viaje al centro de la ciénaga. Les aseguro que va a ser un viaje revelador.

No se pierdan el próximo episodio de esta travesía este domingo a las 10:30 p.m. por Señal Colombia.





domingo, 12 de enero de 2014

Unguía, Chocó



Llegar al lugar en donde alguna vez estuvo Santa María la Antigua es un poco decepcionante, pues no existe nada, solo un potrero convertido en territorio de guaqueros y pastizales de vacas.

Es un lugar olvidado por el Estado, por la historia y por la humanidad, que considero importante rescatar de ese abandono al que lo hemos condenado, pues es parte integral y fundamental de la historia del mundo.

Los vestigios de esta ciudad, que estuvo perdida para la humanidad por más de 300 años, y que fue encontrada gracias a la gestión del rey de Bélgica en los años 60 del siglo pasado, no dicen mucho, aunque su eco sigue resonando hasta hoy.

martes, 31 de diciembre de 2013

Las voces femeninas de Turbaco



Aunque dolorosa, la visita a la Ciudad de las mujeres resulta esperanzadora. Este grupo de mujeres ha cambiado su vida y su historia, y no solo la de ellas; también la de la región y la del mundo.

Porque como escribió Alfredo Molano: “La historia no es algo que ya pasó y, sobre todo, que ya les pasó a hombres notables y célebres. Es mucho más. Es lo que le sucede al pueblo común y corriente todos los días, desde que se levanta lleno de ilusiones hasta que cae rendido en la noche sin esperanzas. No se necesitan documentos acartonados y descoloridos por el tiempo para convertir un hecho en histórico; la historia no se refugia en las notarías ni en los juzgados, ni siquiera en los periódicos. La historia es una voz llena de timbres y de acentos de gente anónima”.




martes, 17 de diciembre de 2013

Las farotas de Talaigua


Llegar a Talaigua me llevó a entender el real proceso de identidad y de los símbolos que son activos… se transforman, e involucran… La identidad es un proceso dinámico, que se transforma y se reconfigura a través de los actores sociales y su relación con el contexto, y que se dibuja en la compleja trama que relaciona región y nación, lo propio y lo extranjero, pasado y presente; presente y destino posible.

Walter Benjamin nos habla de dos clases de memoria: una a preservar, que rescata un pasado “ya hecho”, y una a movilizar, la memoria que se hace, que está en construcción. La primera es la memoria del pasado a celebrar. La segunda, es la que redime un pasado aún vivo, plural y a contratiempo, activándolo para desestabilizar los autismos del presente.

¿Por qué fortalecer procesos de identidad y memoria a través del relato? Porque el relato es una forma de futuro, ya que recordamos para imaginarnos, construimos el pasado para reconstituir una identidad, contamos para sentirnos sujetos de la historia, narramos como táctica de resistencia y creamos nuestras historias para recuperar la dignidad –la individual y la colectiva–.






jueves, 12 de diciembre de 2013

Siguiendo los pasos de las farotas

Mi próximo destino es Talaigua, un pequeño y olvidado pueblo que comparte con Mompox la isla de agua dulce más grande de Colombia.

Viajo hasta allá, al centro del departamento de Bolívar, llevado por la curiosidad que me despertó una foto de un campesino adornado con coloridas flores, travestido, que me encontré por casualidad en una oficina del Estado. Le pregunté a la funcionaria que me atendía que de quién o de qué era esa foto y me dijo que era una farota, un singular personaje de la depresión momposina.

Sé que me espera un largo y dispendioso viaje, pues por lo que he averiguado, me toca usar todos o casi todos los medios de transporte: avión, taxi, flota, Mototaxi y canoa.

Los invito a que me acompañen en este viaje que pinta alegre y aventurero. No se pierdan el próximo episodio de esta travesía este domingo a las 10:30 p.m. por Señal Colombia.






martes, 10 de diciembre de 2013

El mítico tapón del Darién



A través personajes como Germán, el cochero; Ciro, el coyote, y de don Jairo, el colono, pude conocer parte del a realidad de esta convulsionada zona.

En Acandí, la comunidad es consciente de la alarmante disminución de la pesca, el turismo y la biodiversidad y del impacto negativo que esto ocasiona en su economía y en su calidad de vida. Para mitigar esta situación, han emprendido acciones desde sus posibilidades y desde todos los frentes que generen alternativas y herramientas de solución.

A pesar de todos estos problemas, sustentados principalmente en el olvido y el difícil acceso, Acandí sigue conservando rasgos de eso que podemos llamar paraíso.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Acandí, Chocó



Llegar hasta aquí se vuelve un poco complicado: por tierra es imposible hacerlo, pues no existen carreteras; por mar, resulta un poco arriesgado, debido a las condiciones de navegación. Decidí hacerlo por avión, pero tuve que esperar varios días, pues solo hay tres vuelos semanales y la oferta de cupos es limitada.

Una vez despegó de regreso el avión en que llegamos, la pista del aeropuerto se llenó de motos. Los lugareños la han convertido en lugar de competencias. Apuestan carreras en las que la condición principal es que no utilicen las manos para conducir. Esto lo vuelve una práctica arriesgada e irresponsable, pero según ellos, llena de mucha emoción.

En el aeropuerto fui recibido por Germán, un tradicional cochero encargado de recoger los pasajeros en el aeropuerto para llevarlos hasta el poblado, pues aquí no existen carros ni taxis. La falta de carreteras los hace innecesarios.

Aunque la rica biodiversidad del mítico tapón del Darién ha sido devastada, esta sigue siendo la frontera más impenetrable de las Américas.

Muchos de sus habitantes se dedicaron y se dedican a trabajar como “coyotes”, cruzando gente de un país a otro. Ciro Ramírez, un santandereano de pura cepa que en alguna época se dedicó a este trabajo, nos contó los riesgos a que se enfrentan y lo duro que resulta la práctica.

Acandí es un hervidero de contrastes y conflictos, es una región con una especial conexión/desconexión con el país y el mundo. Está lleno de interesantes relatos, que Uds. pueden ver completos en el programa de televisión.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Chocó caribe y fronterizo



Próximamente estaré en Acandí, pueblo del Urabá chocoano ubicado en la región del Darién, en límites con Panamá. Por esa frontera, aparentemente tranquila, se mueven armas, drogas y se mueven ilegales de todos los rincones del mundo, especialmente de China, África, Ecuador, Cuba, Ecuador y Perú, quienes emprenden desde ahí el camino hacia los Estados Unidos, en busca del sueño americano.

Ello, sumado a la fuerte destrucción de la biodiversidad, es el panorama con que me voy a encontrar. Quiero que me acompañen a descubrir cómo se mueve ese lugar tan paradisíaco y conflictivo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Acrobacias y tradición sucreña


De regreso de San Antonio, vengo con sentimientos encontrados. Las acrobacias resultaron más arriesgadas de lo que parecen, pues me pareció un tanto excesiva esa mezcla de peligro y alcohol, que hace más arriesgada y demencial esta práctica, pero por otro lado terminé contagiado por la alegría y la pasión que los sabaneros le imprimen.

Los sabaneros tienen tan interiorizadas las acrobacias a caballo y se divierten tanto, que no conciben su vida sin ellas. En mi visita terminé involucrado en este circo romano, más borracho y más alegre que ellos; pero en la distancia sigo cuestionando este tipo de prácticas, pues siento que exponer la vida, así tan de frente y tan tranquilamente, no debería resultar divertido para nadie: ni para los jinetes ni para los espectadores.







domingo, 24 de noviembre de 2013

Estos jinetes arriesgan la vida por el show


Las acrobacias a caballo hielan la sangre. Definitivamente para mí no son una buena forma de diversión. Más que alegres, las acrobacias me resultan angustiantes, hay demasiada adrenalina en todo esto, uno siente que los jinetes galopan hacia la muerte.

Claro que es innegable que cuando todo sale bien, uno quisiera que le devolvieran la película para poder disfrutar tranquilamente y con emoción de cada uno de "los números", como los llaman ellos.

Aquí en San Antonio, las acrobacias a caballo son una tradición muy arraigada. No hay un solo jinete hombre que no haga acrobacias, no existe ningún palmitero que no sea jinete.

Los Berrocales es el grupo más reconocido en la región. Con más de 25 años de tradición y con una larga historia familiar de abuelos, padres, tíos y primos acróbatas, ellos son la autoridad en el lugar y el ejemplo a seguir para el gran número de jóvenes que aspira llegar algún día a igualarlos o superarlos.

Muy a mi pesar, estando dentro de la celebración, y después de unos rones y mucha música, las acrobacias a caballo empiezan a parecerme emocionantes.







jueves, 21 de noviembre de 2013

Jinetes acróbatas en Sucre


Mi próximo viaje es a la sabana sucreña-cordobesa, más exactamente a San Antonio de Palmito, un pequeño pueblo ubicado a 20 minutos de Sincelejo. Me lleva la curiosidad de conocer de cerca las acrobacias a caballo, una práctica muy extendida en la región, que tiene sus mejores exponentes en ese lugar.

Las acrobacias las descubrí en internet y me sorprendieron tanto que siempre quise verlas en vivo, aunque debo confesar que no dejan de causarme un poco de repulsión y terror, pues realmente son muy arriesgadas y uno siente que la cosa puede pasar en cualquier momento de diversión a tragedia.

Sumado a conocer de cerca a esos arriesgados jinetes acróbatas, la sabana costeña siempre me ha llamado la atención, pues me parece una región con un paisaje, una cultura y gente muy especial, con un aire diferente al resto de la costa. Espero que tener un buen viaje sin nada que lamentar y con mucha diversión.

Los invito a que me acompañen en este recorrido. No se pierdan el próximo episodio de esta travesía este domingo a las 10:30 p.m. por Señal Colombia.






martes, 22 de octubre de 2013

Me despido de la Nación Wayúu



El palabrero siempre me resultó una figura inquietante y debo confesar que muchas veces su afán por pedir dote (pago) por todo, me generaba cierta incomodidad. No me sentí bien de tener que pagar por las entrevistas, por las fotografías o por la captura de cualquier imagen, estuvieran o no presentes personas dentro del encuadre.

Dando vueltas y vueltas en mi chinchorro, tratando de borrar esa sensación de que se está siendo "vacunad" a cada paso, se me ocurrieron tres hipótesis. La primera, que las comunidades se aprovechan de esa "exotización" que se ha hecho de ellas y generan una especie de identidad estratégica que se vuelve en algunos casos una fachada o un mecanismo de protección y de blindaje cultural. La segunda, que se trata de algo parecido a lo que sucede con la democracia gringa: generosa y respetuosa de la libertades en su territorio, pero voraz hacia afuera. Y la tercera, que simplemente se trata de un choque cultural: él me mira con ojos de wayúu, yo lo miro con ojos de arijuna. Y no de arijuna cachaco, sino de arijuna extranjero, lo que agrava más el asunto.

Tal vez la más acertada sea la última, o tal vez sea una mezcla de las tres, eso tendré que decantarlo. Lo cierto es que de esta visita me quedó la certeza de que a pesar de que el plástico se ha ido apoderando del desierto, La Guajira es una región potente, con personalidad, con un paisaje contundente y mágico. Y que el palabrero es un personaje con una carga ancestral, cosmogónica y cultural muy grande, digno de todo mi respeto y admiración, y que sin duda tiene mucho que aportar y enseñar al sistema normativo arijuna.




domingo, 20 de octubre de 2013

El palabrero, un símbolo de la cultura wayúu



Aunque La Guajira siempre me atrapa, en este viaje más que quedar sorprendido con el paisaje, lo quedé con la cantidad de bolsas plásticas enredadas en los cactus, que parecen asfixiarlos. Esto evidencia el abuso y poco cuidado de los arijunas visitantes con el ambiente y deja herido el discurso cosmogónico del cuidado y el amor de las comunidades indígenas por la madre tierra.

Me sorprendió también la cantidad de camiones que transitan por los caminos invisibles del desierto que ocultan lo que transportan y que, indudablemente, me recuerdan que estoy "allá en La Guajira arriba, donde nace el contrabando". Por aquí ruedan en la ilegalidad, mercancías, licores, armas, drogas, gasolina y hasta personas.

Llegar a las rancherías y compartir con los wayúu hace que se borre esa mala impresión inicial. Las rancherías wayúu son espacios de amabilidad y convivencia. En algunos de estos territorios casi autónomos las costumbres ancestrales de esta cultura se mantienen intactas, pero en otros, han cambiado.

Por ejemplo, no en todas las rancherías se conserva el encierro de las niñas con su primera menstruación: en algunas lo siguen haciendo rigurosamente por un año y conservando las duras reglas. En otras se hace por meses y, en otras, solo por semanas o días.

Este cambio de costumbres se evidencia también en la dote o pago que reciben las familias o personas víctimas de una afrenta: antes solamente se hacía en especie: chivos, vacas, marranos, collares, mantas, etc. Ahora se recibe en dinero en efectivo, carros, casas o locales comerciales en cualquier lugar. Al ritmo que avanza la cosa, no dudo que muy pronto los palabreros anden con datáfonos en sus mochilas.

A pesar de los cambios y la "occidentalización" de la cultura wayúu, la figura del palabrero o pütchipü’u, como se le conoce en lengua wayunaiki, se mantiene intacta.

Aunque La Guajira ha sido invadida por la gran minería, el contrabando de todo tipo, los grupos armados y los comerciantes de Medio y Lejano Oriente, aquí las cárceles, los calabozos y los búnkeres no existen, pues la restitución, la reparación y la reconciliación por medio de la dote es el único castigo que se recibe como pena. A través de los siglos, el palabrero ha conservado su misión de agotar la palabra antes que la vida y este es un ejemplo que deberíamos seguir los arijunas.