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martes, 3 de diciembre de 2013

Adiós, Cauca


Salí de Palmeras como el ritmo de las canciones de los violines caucanos: contento, pero con un poco de saudade. Contento por haber tenido el privilegio de escuchar y conocer esta música y de saber que no va a desaparecer. Triste y con saudade de abandonar esa hermosa región y a esos virtuosos, humildes y cálidos músicos.

Me hace feliz saber que si hace unos años los investigadores musicales y los propios músicos –con mucha razón– temían la desaparición de los violines caucanos, hoy el panorama es esperanzador.

Que los violines sean protagonistas en el festival más importante de música del Pacífico logró visibilizarlos con mucha fuerza. En la región han ido apareciendo nuevos grupos, muchos de ellos de jóvenes y niños que aprenden de sus familiares y amigos o en las escuelas que han comenzado a abrirse, en donde no solo se aprende a tocarlos, sino a fabricar unos violines iguales a los que dieron origen a esta tradición, de guadua y cuerdas de crin de caballo.

Es indudable que en la preservación, visibilización y difusión de esta música se le debe mucho al Grupo Palmeras, cuyos integrantes, después de sus duras faenas en el campo, o como obreros de fábrica, toman sus instrumentos y mantienen viva una de las más hermosas tradiciones de la cultura negra.




domingo, 1 de diciembre de 2013

Violines Caucanos


La vereda El Palmar parece detenida en el tiempo, al igual que el sonido de violines que llegaron desde la colonia. La vereda tiene la belleza especial de las montañas caucanas, intervenidas con estos cultivos y adornadas con casas de barro y techos de palma, y un exquisito olor que proviene de los cultivos de piña, caña y cacao.

Una de estas casas, la de Luis Éder Carabalí, es un punto de referencia en la vereda. Él, que tiene 51 años, es mecánico soldador de lunes a sábado. De eso vive. Pero los domingos es el primer violín del Grupo Palmeras, el más más reconocido de la región y tal vez del país. Como los demás integrantes del grupo, todos campesinos, Luis Éder es el heredero de una fuerte tradición musical que estuvo escondida durante siglos, y que hoy, gracias al Festival de música Petronio Álvarez, ha comenzado a conocerse. De allí han salido ganadores en las dos ocasiones en que han asistido.

La casa de Luis Éder es el punto de encuentro y ensayo permanente del grupo. En la sala, es protagonista una foto en donde aparecen sonrientes, además del dueño de casa, Eliécer, el otro violinista; su hermana María Fernanda, una de las cantadoras; Adelmo Casarán, intérprete del bajo; Bolívar Lucumí, con su requinto; Justiniano Vásquez, al pie de su tambora, y por último Arnul Abonías, que nunca desampara sus maracas.

Todos se conocen y se quieren desde niños, no sólo comparten una bonita amistad, sino su sangre. Entre ellos son primos y hermanos, y orgullosamente comparten la única herencia posible en un lugar como este: una virtuosa tradición musical. El grupo fue fundado por sus abuelos, sus padres continuaron la tradición y ellos han sabido conservarla. Estar aquí, compartiendo con ellos, escuchar sus historias y sobre todo su música, me llena de paz y alegría y me hace sentir privilegiado. Me siento gigante.




viernes, 29 de noviembre de 2013

Santander de Quilichao


Próximamente viajo a Santander de Quilichao, un municipio ubicado al norte del Cauca, muy cerca de Cali, la capital del Valle del Cauca. Voy en busca de los violines caucanos, como se llama la agrupación y al ritmo musical en donde estos instrumentos son los encargados de llevar la melodía.

Conocí por casualidad a estas agrupaciones en Caloto, hasta donde llegué un día atraído por su especial arquitectura. Ese día se celebraba un festival de violines en el pueblo. Mientras comenzaba el evento, los grupos en competencia ensayaban en las orillas del río. Caminé a lo largo de dos kilómetros por su ribera, sintiéndome el más privilegiado del mundo, pues sin querer me convertí en el espectador de un concierto único e inolvidable. Desde ese día, los violines no han dejado de sonar en mi cabeza.

El de los violines caucanos es un ritmo muy especial, que me recuerda lo que decía el músico y poeta brasilero Vinicius de Morais: “la música realmente buena, aunque sea muy alegre, debe tener un toque de saudade (nostalgia) y de tristeza, si no, no es verdadera música”.

Los violines caucanos cumplen a cabalidad con la premisa de Vinicius; es uno de los ritmos más alegres, nostálgicos y especiales que he escuchado. Acompáñenme en este recorrido lleno de buena música, en donde tendremos el privilegio de conocer la historia y los protagonistas de estas alegres canciones, salpimentadas con un toque nostálgico, y poco visibilizadas y difundidas.